Nosotras las feminazis
Por Mirza AlejandraLas feministas de antes sí que eran feministas. El feminismo de antes sí merecía la pena. Las feministas de antes eran señoras de sus casas que, solamente, y sólo de vez en cuando, salían un ratito a protestar en las calles para exigir su derecho al voto. Nada de salir desnudas a la calle, pintar paredes o quemar contenedores de basura como si no existiera un mañana. Las feministas de antes, mujeres como Marie Curie o Mary Shelley sí que eran feministas. Ellas trabajaban para ganarse la aprobación masculina y eso, precisamente, es el feminismo.
Las feministas de ahora están locas, asalvajadas. Lesbianas feminazis que
sólo buscar erradicar al género masculino. Lesbianas que son lesbianas porque
no les han echado un buen polvo. Marimachas que quieren acabar con los hombres
porque nadie las quiere.
Las feministas, las de verdad, deben ser delicadas como una tierna flor del
jardín de mi mamá. Deben ser suaves como ese aguacate que está en su punto para
hacerte unas tostadas con aguacate y chía para desayunar un domingo con un café.
Las feministas de ahora deben ser tiernas como el culito de un bebé; pero de un
bebé sin pañalitis. Las feministas deben ser delgadas, como esa modelo en la
revista que, realmente, no es tan delgada como en la foto. Las feministas deben
ser pacientes con los hombres, como una madre con ese amor infinito hacia sus
hijos que se han comprado un perro y aún no saben cómo cuidarlo. Las feministas
deben ser guapas, como esa niña que te gustaba en 3ro de primaria a la que le
tirabas del pelo porque no te hacía caso. Las feministas deben ser cariñosas,
como ese cachorrito que tenía tu vecino que acariciabas a través de la verja.
Las feministas deben querer y cuidar, por encima de todo, a los hombres. Pero,
lo más importante, es que las feministas no deben luchar por el feminismo, sino
que deben, una vez cada cierto tiempo, pedir la igualdad. Sin esto no son
feministas, son feminazis.
Y otras cosas que escuchamos un martes cualquiera en un bar del centro.
Cosas que las feministas, o feminazis, debemos seguir al pie de la letra. No
podemos permitir que nuestros preciados machirulos de turno acaben convertidos
en jabón.
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